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jueves, 24 de febrero de 2011

Mi mano


Corrí la cortina para que entrara la luz, me acerqué a él y lo acaricie lentamente, sentí la suavidad que lo caracterizaba, imagine las aventuras que volvería a disfrutar a su lado, quizá el amor, quizá la ilusión, o tal vez sentiría la maldad; me deleitaba al pensar en las emociones que me haría sentir. No podía resistir un momento más, lo abrí y empecé a leer.

Cuento: Alondra (Taller de narrativa)
Ilustración: Lourdes Ibáñez (Taller de Corel Draw)

martes, 22 de febrero de 2011

Manitas calientes

Meñique
Yo soy el niño de la familia. Pocos me toman en cuenta.
Anular
Yo soy el Señor de los anillos, confieso que soy orgulloso porque me gusta lucir argollas lujosas.
Medio
A mi me dicen en "Tonto", pero mi fuerza es simplemente brutal, a la hora de pelear soy el que va al frente.
Índice
Que tal, soy el raspaplatos, soy el tragón de la familia, mi función es dejar bien limpios los platos.
Pulgar
A mi me toca el trabajo más feo, soy el "Matapiojos" y me dicen "El Exterminador".

Cierto día el hongo atacó a la uña del "Matapiojos", todos los dedos estaban tristes y estaban apenados, hasta el niño de la familia dejó de jugar. Pidieron auxilio a los dedos de la mano derecha que raudos y veloces fueron a ver al Dr. Simi que les dio una pomada antimicotica de efectos inmediatos. Para celebrar se pusieron a jugar "Manitas calientes."
Juanita López

El ojo derecho

Un día sucedió algo extraordinario, mi ojo derecho adquirió la capacidad de mirar los pensamientos de las personas. Esto me provocó un conflicto ya que el ojo izquierdo seguía sus funciones normales: contemplaba los aspectos físicos  mientras el derecho leía en el cerebro lo que ella pensaba, así me enteré de muchos chismes.
Descubrí, por ejemplo, que a Raquel yo le caía gordo y que Dulce me consideraba un viejo payaso. Cristhian y Jesús pensaban que era mamón. De Nancy descubrió que ama a Hamlet y la maestra Lourdes está pensando en su examen profesional. Un día tuve la mala suerte de mirarme en el espejo y pude leer dentro de mi cerebro pensamientos que no había descubierto: que me atemorizaban las lagartijas, que odiaba el olor de la coliflor y que estaba traumado por ser un buen poeta. Decidí hacerme extirpar el ojo derecho.
E.M.

Juicio de un foco a la cristalería

El foco
Los puse a discutir para conocer la verdad, yo que estoy muy arriba los puse a confesar. Descubrí que el amo del biberón no era hijo de quien bebió la champaña, lo mató la mujer del martini que escaparía con quien venía de lejos.

Copa de champaña
Confieso que me he convertido en la mayor asesina de todos, no tuve piedad para diluir en alma aquel par de cápsulas. Quiero presumir que se desvanecieron en la espuma y que aquel que bebió de mi esencia jamás podría descubrirlo. Reí cuando toqué sus labios y moría a carcajadas, comencé a perder mi alma mientras la champaña lo envenenaba.

Biberón
Admito que fui testigo, pero no pude hacer nada, estaba en la boca del pequeño cuando aquella copa asesinaba. Estaba sobre el pecho del infante acomodado como de costumbre, me comenzó a dar pavor, pero no podía regresar a la mochila, la madre de mi amo quería que mi esencia se desvaneciera. Pero mi alma blanca, inocente como el niño tuvo que ser total testigo de lo que había hecho esa copa.

Copa de martini
Confieso que lo supe desde siempre, tan seco el martini como su alma, presentí sus pensamientos y saboreaba su venganza, mi ama lo mataba.
Cristhian Gardher

Ciny Finger

Después de mi cuarto matrimonio me sentí finalmente feliz, pensé así lograría llenar mi vacío. Frente al altar sostuve esa mano blanca y tersa que ahora me acompañaba el resto del tiempo que me quedaba de vida. Esta vez hacían cuatro veces que prometí amor hasta la muerte, juré acompañar en las buenas y en las malas.
El primer anillo que usé fue en este dedo, era de oro; el segundo fue en este, era de plata; el tercero que me coloqué fue aquí, era de bronce; el cuarto fue en este dedo obeso, fue de plástico y de muchos colores; el quinto anillo, pensé colocarlo en este, flaquito y escuálido, pero ya no puedo hacerlo porque estas malditas letras no me dejan que entre bien.
Espero conseguir un borrador, si no mi quinta esposa me va a odiar.
Jesús Suárez

Tus alas son tus manos

Lo primero que pensaste fue "por qué me dibujaste a mi", ¿no es así?. Soy tu mano izquierda, acaso la más sana de tu cuerpo no lo niegues. Mucho tiempo me dejaste en segunda mano, ja, ja, ja, claro y cómo no ha de ser, si en la escuela te decían, "se escribe con la derecha" y observando a los demás verás que la mayoría leda el mayor trabajo a ella.
Pero hoy decidiste dibujarme a mi, bueno fue coincidencia porque la mano derecha estaba sosteniendo la taza de café, y al soltarla yo ya estaba instalada sobre el papel, y automáticamente la derecha me dibujó a mí. Quizá hoy me viste más bonita, me adornaste con un gran anillo rojo con una flor; me gusta como se me ve, aunque a decir verdad me queda algo grande, en fin, ha sido un placer servirte para este ejercicio.
Ahora, después de tu viaje, no olvides regresarme a la hermosa tarea de crear sonidos en tu piano, en tu chelo, en tu flauta. ¡Anda ya ponte a trabajar! porque no me gusta que sólo hagas áreas que tienen que ver con tu razón, casi no me tomas en cuenta, olvidas la parte creativa y sensible, puedes formar parte de todo y yo estoy para apoyarte,música, arte, poesía, narrativa; sigue imaginando que ahora tus alas son tus manos.
Nancy

sábado, 19 de febrero de 2011

La mano

Joaquín amputó su mano porque ya no le gustaba, era para él inservible y hasta cierto punto innecesaria, se la cortó en la guillotina por pecado de grosero, le hizo una señal a la reina ofendiéndola con un solo dedo. Él, bien, ya no tenía mano pero aún así estaba contento. Sin embargo con el tiempo descubriría que su otra mano era importante, con una hacía los quehaceres y con otra quería rascarse.
Así que una vez fue a una tienda y se compró un garfio como el del pirata, estaba feliz con aquel gancho hasta que se hizo una desgracia: le dio comezón en un ojo y el pobre ojo salió volando. Así que regresó a la tienda con la idea de cambiarla y se compró una mano de hierro que en la muñeca apretaba, pero se enojó con el tendero cuando se enteró de su precio y quiso darle un golpe leve y le tiro los dientecitos. Pero como el problema fue su comezón se fue a comprar una manita de plástico.
Chisthian Gardher